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Teatro laico, libertad de expresión mutilada

“Cuando alguien no tiene la capacidad de discutir, golpea”
                                                                                           Oscar Liera.

Era 28 de junio de 1981 y la compañía infantería teatral de la universidad veracruzana bajo la dirección de Enrique Pineda, se preparaban para deleitar al público del teatro Juan Ruíz de Alarcón que asistió, haciendo caso omiso de las amenazas reiteradas del clero en contra de la obra “Cucara Macara” escrita por Oscar Liera.

La obra ya había tenido su estreno en Veracruz, en el apogeo teatral del estado. Se estrenó el 11 de diciembre de 1980 y como parte del intercambio cultural entre la UNAM y UV, el montaje fue invitado a presentarse luego de una temporada en el Teatro Milán, donde unos de los actores recibieron una llamada anónima que los amenazaba si estos decidían seguir con las funciones.

Y todo por tratarse de un texto que critica -ataca- a la religión, en especial, contra la virgen guadalupana y la ideología del mexicano.

“Por un lado, critica la formación de nuevos mitos por parte de las instituciones, en este caso se ejemplifica con la Iglesia, pero hay alusión directa al Estado, porque vivimos entre héroes y santos de dudosa heroicidad y santidad

“Por el otro, denuncia la corrupción en las instituciones, y en este caso particular trato de que quede claro que quienes dan la solución más acertada son las mujeres La Iglesia ha sido siempre antifeminista, no obstante que la mujer ha marchado al lado del hombre a lo largo de todos los tiempos”  

Oscar Liera.

En pocas palabras, tocó fibras tan sensibles que en las celebraciones religiosas se exhortaba a no ir a ver dicha obra.

Desde el principio la obra fue atacada por la prensa a instancias de los feligreses de ultraderecha alentados por el arzobispo Obeso Rivera que en las misas decía que no fueran a ver la obra de los actores herejes porque ofendían al Espíritu Santo. Es el mismo arzobispo que 20 años después hizo en un periódico de Xalapa el fatal comentario “la ropa sucia se lava en casa”, cuando salieron a la luz los actos de violación de los sacerdotes, no a las leyes sino a los niños.

Haciendo caso omiso a las amenazas, el telón se levantó, la luz se encendió y los actores habitaron el espacio escénico. Si bien la función tenía escasos minutos, de entre las primeras filas se levantó una media centena de sujetos armados con chacos, palos y varillas bañadas en ácido dando pie a una golpiza que aturdió a los actores y solo el reguero de sangre hizo entender público que esto, no era parte del show. Las puertas estaban bloqueadas por sujetos con armas de fuego, los actores luchaban por su vida. Así como empezó, terminó.

Actores hospitalizados, gente del gremio artístico indignada con tal censura y feligreses aplaudiendo dicha atrocidad.

A los 3 días del incidente, al presidente de ese tiempo de los Estados Unidos Mexicanos, López Portillo, le llegó una carta firmada por 500 personalidades de diferentes gremios donde se pedía justicia.

Pero cómo hoy, aquel acto vandálico quedó impune. No hubo culpables, solo se echaban la bolita entre unos y otros.  Y la obra sólo se presentó una vez más en San Francisco, California.

De esto hace ya, casi, 36 años y aterra el pensar que aún seguimos gobernados por entidades corruptas, edificadas sobre cimientos de mentiras y falacias. Después de tanto tiempo, la religión ha perdido un poco de su peso, digo un poco porque ahora quieren cárcel, antes daban golpizas, para el creador del video viral pasito perrón, que no tiene caso explicar porque ya es obvio que todos lo vieron.

Con esto confirmamos que el teatro no es más que un reflejo de la sociedad.

Fuentes:

http://www.nexos.com.mx/?p=11302

http://www.proceso.com.mx/131372/el-autor-de-la-obra-agredida

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